Cada ano, luego de las intensas nevadas, de las lluvias, de las tardes frías y grises del Norte, lo único que me hace seguir adelante es que en el verano, iremos como siempre a descansar en nuestro hogar lejos del hogar en la mar. El pintoresco lugar es en La Florida, en Fort Lauderdale, de donde salen los barcos y entran al puerto y una los puede ver desde el hotel, o desde la orilla de la playa al caminar, por las mañanas.
Nuestra familia ha estado viajando cada verano hace casi 8 años a ese lugar. Recuerdo que la primera vez que mi esposo y mi hija fueron, yo no pude pues estaba trabajando en mi propio negocio, y mi presencia requería todo mi esfuerzo, para que ellos pudieran descansar al menos por una semana. La primera vez que mi hija pudo ir a unas vacaciones desde que llegamos a este país, ella tenía 13 años, durante os casi 10 años que hacía que habíamos llegado a este país, nunca antes habíamos tenido la posibilidad de darnos el lujo de tener unas vacaciones en uno de los hoteles de 5 estrellas, y donde una tiene que tener cierto nivel de vida para poder pagar por aquel lujo. Allí, mi hija conoció a una familia de Bélgica, que descansaba con sus dos hijos, una niña de su edad, y su hermanito de 9 anos. Mi esposo decidió dejarla hacer amistad con aquella familia que parecía tan unida y feliz, y así mi hija una vez más conocía nuevas amistades que solo hablaban francés, y de una forma intuitiva ellos se comunicaban, niños al fin y en realidad fue una experiencia muy linda. Mi esposo que no habla el francés, decidió aprenderlo, y lo que es más, decidió que era el momento para que mi hija aprendiera ese idioma tan bello. En el término de las vacaciones, la familia de Bélgica, invito a mi hija a visitarlos y a pasar un tiempo con ellos en sus vacaciones, y así conocer sus costumbres y su lenguaje. Pues claro que el próximo ano y con solo 14 años de edad, mi hija viajo sola hasta Bélgica, pues nosotros solo podíamos costearle el pasaje de ella, y así tener la oportunidad de conocer el país, y las costumbres de la familia, que con tan buenas intensiones le habían acogido como una hija mas.
Como resultado de esa visita, mi hija comenzó a dar clases de modelo, y a aprender el francés ya de una forma profesional, y a ver su aptitud para el idioma, el próximo ano la mandamos también sola a Francia, a Paris, a una escuela de verano donde los niños de su edad, aprendían el idioma intensivamente, y además todos ellos eran de diferentes países, de España, de Rusia, claro que ella hablaba los dos idiomas ya pues al ser yo cubana y su padre ruso ella lo tenía en la sangre. Así comenzó ella su encuentro con nuevas culturas y lenguajes que le abrirían luego las puertas a su literatura y a su completo desarrollo.
Y todo comenzó en aquel magnifico lugar de vacaciones, donde cada anos, veíamos a casi las mismas familias de diferentes países, de Austria, Alemania, Rusia, España, etc. Todos con sus hijos, de diferentes edades, pero con la seguridad de que ellos así podían ser expuestos a una nueva cultura, y sobre todo a una naturaleza marina tan hermosa y acogedora, que solo hacías esperar a que llegara el próximo verano para volver a sentir, la perfección de la imaginación y el bienestar, en aquel mágico lugar. Claro que la atención y la perfección del hotel y de sus obreros, que hacían lo imposible para complacer a sus huéspedes, también era algo especial y único. Este ano, por poco no podemos ir. La situación económica del país, ha hecho que yo perdiera mi trabajo, y mi esposo solamente trabajando era insuficiente para poder hacer lo imposible y viajar a nuestro hogar lejos del hogar, mas fue nuestra hija quien tomara la iniciativa, ahora ella es una joven y trabajo y estudia, y comprende lo importante que es para nuestra familia volver a descansar en un lugar tan pintoresco y familiar, y ella con su desbordada bondad, tomo la batuta y dirigió nuestras vacacione. Nos sentimos un poco extraños mi esposo y yo, más bien viejos, pero la energía que recopilaríamos mientras descansamos allí, seria suficiente para volver al trabajo y al frio de nuestra ciudad en el Norte, y así hacer lo imposible para tener recursos para el próximo ano que será más acogedor, y benévolo con nosotros, porque después de la tormenta siempre viene la calma, y después de la primavera siempre viene el verano y en el verano es cuando nuestra familia viaja a esa casa, en las orillas del mar, donde se unen el cielo con los pelicanos, las gaviotas, y en los que a veces, una puede ver un papagayo, de muchos colores acariciar las palmas que con su esbeltez, adornan el paisaje perfecto para descargar toda la mala energía del invierno y de las preocupaciones, y dejarse llevar por el ritmo de las olas del mar, y respirar una inolvidable paz.