Escribir es respirar para mi, si no escribo lo que siento y lo que detesto y admiro y odio, no me siento complacida. Unas veces uso la guitarra para acompañarme, pero como no puedo llevarla a todos lados, escribir resulta el escape ideal a los tumultuosos sentimientos que se agolpan en mi alma y tratan de salir todos a la vez y es por eso que decidí darles una salida organizada y a la vez compartir con ustedes mis versos y mi prosa, así me dirán lo que piensan de ella y lo que no piensan, todo será apreciado.
Comencé a escribir desde muy pequeña, recuerdo que tendría unos 11 anos. También me gustaba la música y como siempre estuve becada en esas instituciones de la vida comunista en Cuba, lejos de mis padres que empecinados en hacer la revolución se olvidaron de mí, me escapaba en los libros de cuentos y en las poesías que conseguía leer con devoción y un día decidí que esa era una forma de descargar toda la infancia en aquellas paginas que apenas si decían mis más puras ideas de niña desolada en medio de una controversia de una realidad fantástica que me ahogaba y que solo encontraba remedio en el volcánico impulso de mi imaginación.
La música me adornaba las ideas y cantaba no solo debajo de la ducha, sino que como aun no sabia acompañarme de la guitarra en aquel entonces decidí participar en el coro de la escuela y así aprendí varios trucos con la voz, aunque recuerdo que mi primer debut como solista a los 11 anos, fue un desastre tratando de interpretar una canción que yo había compuesto en medio de la escuela sin micrófonos, y con tan poca acústica, se me rajo la voz y allí mismo decidí que nadie mas me oiría jamás, pero claro que eso son gajos del oficio, pensaba y no falto mucho tiempo en que me desquitara la injusticia del micrófono, y volví a cantar esta vez dentro del teatro de la escuela y nadie se atrevió a reírse, al contrario, me aplaudieron yo agradecía la escasez de tomates en la temporada si no me lo hubieran tirado por pura burla.
En transcurso de mi adolescencia también seguí cultivando mis versos y mis canciones que me hacia acompañar de una guitarra que me había regalado mi padre un requinto, viejo pero que sonaba con su aguda delgadez en mis manos de inexperta con la guitarra desafinada tratando de encontrar sonidos y melodías que se acomodaran a mi diapasón vocal, con razón no-tenia amigos todos estaba asustados de los sonidos que yo trataba de sacar del pobre requinto que si supiera hablar me hubiera dicho que le dolía n las cuerdas del abuso corporal que yo le proporcionaba inocentemente.
Un día que muy orgullosa le mostraba a mi padre lo que acababa de sacar en la pobre guitarra, me aseguro que eso no-tenia sentido si no la afinaba y luego de pelearme yo con el casi a muerte, comprendí que tenia razón, y comencé a tocarla suavemente afinada para alivio de los vecinos t de los ratones de las ratoneras de la cocina.
Surgiendo una unión inseparable entre la música y mis versos comencé a hacer canciones y las cantaría en los festivales de las escuelas y esto me ayudo a terminar mi preuniversitario, en la Isla y a escapar del destierro que tuve que pasar en el mayor refrigerador humano del mundo, La Unión Soviética. Allí en un intento de polilla y de sabiduría experimentara con sonidos y sentimientos nunca antes definidos en mi como el amor por mi Patria que ahora tenia la oportunidad de apreciar en comparación con el lugar tan deprimente donde me encontraba. Fue la música y los versos de la cultura latinoamericana que me llevara a conocer a mi futuro esposo, un ruso con una sensibilidad por la melodía y un gusto a la belleza de las artes y las ciencias literarias, que la conexión fue inmediata y eterna.
La obra de José Martí, de García Lorca, García Marques Alejo Carpentier, Liermantov, Gogol, Chejov, Turguieniev, de la Nueva Trova y los poemas de Silvio Rodríguez y Pablo Milanes con la vieja trova y sus poetas que me inspiraron y me dieron aliento y fuerzas para seguir en la vida de bohemia pero pensar que algún día les daría a leer a nadie mis pensamientos pues eran solo despojos de mi alma, ahora se los brindo con humildad y timidez, pensando en que la voz se regara por muchos corazones que como yo buscan la libertad de expresión desde donde estén, debajo de un arbolo en una barbacoa en La Habana vieja o en la Esquina Mirabal.